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Olvidados por la Historia: Palestinos del Líbano

“La situación es delicada”, dice sobriamente Abu Ali Hassan, ex dirigente de Ain Helue que ahora cumple funciones en Mar Elias, el pequeño campo mayoritariamente cristiano de Beirut, donde es el responsable de las relaciones con los partidos políticos libaneses: “El desarme de las organizaciones palestinas, que exige la resolución 1559, firmada en septiembre de 2004, a propuesta de Francia y Estados Unidos, constituye uno de los temas de la vida política libanesa (4). El gobierno de unión nacional de Beirut formó un comité encargado de negociar el desarme de las bases instaladas fuera de los campos, y la reglamentación del uso de armas dentro de los mismos. Trabajamos en la creación de una delegación unificada y con el objetivo de que este asunto no sea tratado desde un punto de vista únicamente securitario, sino para que los resultados hagan avanzar nuestros derechos políticos y mejoren la situación humanitaria en los campos”.
La reapertura, el 16 de mayo de 2006, de la representación de la OLP en Jnah, en la periferia sur de Beirut, representa para Hassan, un signo político fuerte. “El gobierno no quiere emplear la fuerza en esta cuestión, pero lo que plantea problemas es sobre todo la presencia armada palestina en una docena de bases dispersas en la llanura de Bekaa y en la localidad costera de Nahme, 15 km al sur de Beirut”.
En este contexto turbio, las declaraciones de Mahmud Abbas, el presidente de la Autoridad Palestina, durante su visita a París, en octubre de 2005, fueron mal recibidas cuando dijo que los palestinos que viven en Líbano debían “someterse a la ley” y que estaban allí como “invitados”.
Los diarios libaneses informan regularmente acerca de infiltraciones de militantes palestinos de Siria en la llanura oriental de Bekaa, que han llevado al ejército libanés a cerrar unos cuarenta pasos ilegales entre ambos países y a apretar más sus tenazas en torno a las posiciones palestinas relacionadas con organizaciones pro sirias con base en Damasco, como el FPLP-CG, el Fatah-Intifada (una escisión del Fatah, conducida por Abu Mussa) y Al-Saika (el ala palestina del partido Baas, que está en el poder en Siria).
“Por el hecho de haber conducido la resistencia armada contra Israel, porque seguimos activos e influyentes, somos vistos como un obstáculo para la paz”, comenta Nabil, dirigente del comité popular del campo de Baddaui, al pie de Trípoli, en el norte. Con sus casas menos encajonadas, su servicios de vialidad y limpieza y las canalizaciones de agua rehechas, Baddaui, más alejado de la zona de conflicto, puede parecer apacible pero, para Nabil, la guerra sigue siendo una amenaza: “Los aviones israelíes siguen sobrevolando regularmente el Líbano, del sur al norte y del norte al sur, con toda impunidad” y además, “Sabra y Chatila seguirá por siempre en nuestra memoria; porque allí fuimos masacrados bajo la protección de la fuerza internacional. Las armas están en los campos para garantizar nuestra propia protección” (5).
Pero la cuestión de las armas sirve sobre todo de pantalla para las condiciones de vida y de relegación de los palestinos. Según la UNRWA, los refugiados palestinos en Líbano eran, en marzo de 2006, unos 404.000, de los cuales 220.000 residen en la docena de campos distribuidos en el país. En Beirut: Mar Elias, Borj El Barajneh, Sabra y Chatila, Dbaye. En el sur, cerca de Saida: Ain Helue y Mye Mye; y cerca de Tyr: El Buss, Rashidye, Borj El Chemalhe; en Trípoli, en el norte: Nar El Bared y Baddaui; y en Bekaa, Waweel. Hay que agregar a esta lista los “asentamientos”, es decir, pequeños campos-guetos ilegales, no reconocidos por la UNRWA y que no gozan de su asistencia. El ejército libanés mantiene su presión en torno a los campos, en particular en los cuatro del sur, que albergan a unos cien mil refugiados y donde la entrada y salida está controlada y sometida a la obtención de permisos. Fatah sigue siendo la organización más poderosa, pero en los campos de Beirut, en los del norte del Líbano y en la Bekaa, los prosirios mantienen una importancia significativa, al mismo tiempo que en todas partes es notable el refuerzo de las organizaciones islamitas lo que, según los observadores, coloca a Fatah y Hamas en el mismo nivel.
Según la UNRWA, el 60% de los refugiados palestinos vive por debajo de la línea de pobreza y su tasa de desempleo alcanzaría el 70%. Hasta hoy les es imposible ejercer unos 72 oficios fuera de los campos, tienen prohibido introducir en ellos materiales que puedan servir para la construcción; tampoco pueden salir del territorio libanés o volver sin una visa cuya vigencia dura como máximo seis meses.
Trad Hamadé, ministro libanés de Trabajo, cercano a Hezbollah, firmó en junio de 2005 un memorándum a favor de los palestinos nacidos en el territorio libanés e inscriptos en los registros del Ministerio del Interior, que deja parcialmente sin efecto la prohibición para practicar un oficio. Pero no alcanza a los palestinos con diplomas universitarios, que seguirán sin poder ejercer la medicina, el derecho, la arquitectura, etc. Ni una palabra en cambio sobre la reforma jurídica de 2001 que prohibió a los palestinos comprar casas y bienes inmobiliarios en Líbano, lo que produjo verdaderos enredos legales, en especial referidos a la herencia.
Samira Salah es directora del departamento de Asuntos de los Refugiados Palestinos de la OLP y coordinadora de la campaña por los derechos de los refugiados palestinos en Líbano y por el derecho al retorno, previsto en la resolución 194 de la Asamblea General de la ONU. Para ella, las disposiciones del ministro de Trabajo representan un progreso, pero en concreto, no cambian nada: “ya en 1995 se hicieron propuestas que establecían que un palestino nacido en Líbano tenía derecho a trabajar, siempre que tuviera un permiso de trabajo; pero ese permiso sigue siendo casi imposible de obtener, y la propuesta del ministro no incluye el acceso a la seguridad social y a los seguros”. Esta campaña fue implementada a comienzos de abril de 2005 por un colectivo que agrupa a 25 asociaciones palestinas, al Consejo Nacional Palestino, el departamento de Asuntos de los Refugiados de la OLP, y miembros de la “sociedad civil” palestina. Se organizaron talleres de reflexión y de formación en el seno de la sociedad palestina; Salah quiere lograr el apoyo de la población libanesa con el fin de crear un amplio movimiento de presión política. Con la consigna “Derechos cívicos hasta el derecho al retorno, resistimos junto a los libaneses la implantación y la naturalización de los refugiados”, la campaña comprende cuatro reivindicaciones principales: el derecho al trabajo, el derecho a la propiedad, el derecho de asociación y el derecho a la seguridad. Estas reivindicaciones no son nuevas, pero hasta el día de hoy nunca han tenido respuesta.
Arrojados al exilio por cientos de miles durante la creación del Estado de Israel, los refugiados son unos 4 millones, o sea cerca del 60% de la comunidad palestina, y el 90% de ellos vive en los territorios palestinos y los países árabes limítrofes. Los palestinos del Líbano (6) cristalizan los desafíos políticos más exacerbados, tanto a escala libanesa como regional. Nos recuerdan que la evolución del conflicto árabe-israelí está ligada también a la solución del problema de los refugiados.

posted by Prof. Juan Pablo Monsalvez. @ 1:57 AM,

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